Siempre en las viejas fábulas seduce la virtud de encarar los asuntos más hondos del alma desde la sencillez de la vida de los animales. Una sombra en Pekín hereda aquella transparencia, la sorpresa y el candor de los antiguos fabulistas para hablar, ahora, de la gran ciudad, de la soledad y del paso del tiempo con personajes de carne y papel que tienen nombres de animal: la tortuga, cuya fortuna arruinó un tiburón, que ama a una rana y desama a una paloma. En la época indefinida donde ocurren los cuentos, en un país —China— tan lejano en los mapas como inmediato en los sentimientos, un anciano afinador de pianos describe con la caligrafía de su presente el vacío que ha sido su vida desde que salió de su pequeña ciudad para emigrar a la metrópoli. Una fábula que recurre a la ambientación más distante para dibujar con mayor exactitud el retrato de nuestro tiempo.
Contraportada | Ediciones Traspiés - Vagamundos | 1ª edición | 2011 | 94 pp.
El pasado mes de febrero, gracias a la editorial Traspiés, y en colaboración con los espacios literarios El universo de los libros, De todo un poco, Libros que voy leyendo y Cazando estrellas, La Caverna Literaria puso en marcha la lectura conjunta de Una sombra en Pekín, texto de José Ángel Cilleruelo y con ilustraciones de Juan Gonzalo Lerma. Durante este mes y hasta el próximo 10 de abril se irán publicando las reseñas de los participantes, con las que se podrá hacer la valoración general de esta iniciativa. Por mi parte, ha sido una grata experiencia, al encontrar en este breve relato una auténtica joya cargada de sentimientos y emociones con los que realizar un análisis de una sociedad que, continuamente en progreso, se resiste en ocasiones a situar el candor humano como uno de sus valores principales.



